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Pellegrini 2014: La última vez que estuvimos cerca del festejo

12 Diciembre 2014 -  by Perú Hípico

La historia nos cuenta que nuestro país puede darse el lujo de decir que ha ganado por delivery, y hasta en tres ocasiones, el GPI Carlos Pellegrini (G1 – 2.400 m, césped), la prueba máxima del turf argentino y una de las competencias más importantes del turf sudamericano.

Pero la historia también dice que la última vez que se gritó una victoria en esta importante carrera fue en 1996. Es decir, hace 18 años y fue por cuenta de Fregy’s (USA, Combsway), el imponente alazán defensor del Stud Myrna, que fue montado por Edwin Talaverano y presentado por Jorge Salas.

Desde aquella gloriosa tarde hasta hoy, se han disputado 17 ediciones de la gran justa sudamericana y, la verdad, es que las estadísticas no han sido muy favorables para nuestro país. De ese número de disputas, hemos actuado en 10 ocasiones mediante 25 caballos. Y lo mejor que tuvimos fue un placé, gracias a Shuaily (Shuailaan) en el 2006.

Sí, pasaron 10 años del triunfo de Fregy’s para que otro caballo peruano pudiera estar cerca de lograr la hazaña de vencer en la magna carrera sudamericana. A solamente horas de disputarse una nueva edición, queremos revivir aquel grito ahogado del 16 de diciembre del 2006, confiando que el sábado la emoción se desborde debido a un éxito nacional.

LOS ANTECEDENTES

Un año antes, en el 2005, la delegación peruano había cumplido una actuación decente en el GPI Carlos Pellegrini (G1). Luego de cuatro años de ausencia como consecuencia de la severa crisis que afectó la hípica peruana, se había armado una delegación interesante que buscaba el éxito en tierras argentinas.

Paradisus (USA, Numerous), Immortalite (Apprentice) y Caíco (Riyadian) buscaron regalarle el triunfo a la afición peruana y no estuvieron lejos. Carlos Trujillo, Edwin Talaverano y el chileno Luis Adrián Torres estuvieron en estos representantes y animaron a la afición.

A la hora de la verdad, Paradisus fue el puntero aguerrido, que libró una dura batalla con el velocísimo Classic Plus, al que terminó dejando en el camino tras unos violentos 23s17, 46s68 y 1min11s07.

Pero tras desaparecer a Classic Plus, Paradisus aflojó en el final. De los que lo correteaban había un monstruo llamado Storm Mayor (ARG, Bernstein) que encontró la mesa servida y pasó de largo. El peruano entró cuarto, a 7 3/4 cuerpos, en un carrerón. Immortalite, corriendo en diagonal hacia el exterior, avanzó en la bajada que tiene la pista desde los últimos 200 metros y quedó quinta a 8 1/4 cuerpos, aguantando por nariz a Caíco, que llegó sexto.

Ese resultado, aplaudido desde todos los ángulos, habría la esperanza de mejorar el resultado. Y para el 2006 se fue construyendo la posibilidad de ir nuevamente a Buenos Aires.

LA CLASIFICATORIA

Con la cercanía de la carrera, el entusiasmo creció y se esperaba las pruebas de apreciación no solo para el Carlos Pellegrini (G1), sino para las pruebas afines: Copa de Plata (G1), Joaquín de Anchorena (G1) y Félix de Álzaga Unzué (G1).

Para la carrera de la milla y media se programó el Clásico Presidente de la República (G2 – 2.400 m, césped) como prueba para elegir a la delegación nacional. La competencia se programó el domingo 5 de noviembre del 2006. La gran favorita de la cátedra (17 votos) era Shuaily (Shuailaan), la egresada del Haras Barlovento, que reaparecía a los tres meses, luego de ganar el Clásico Santorín (G3 – 3.000 m, césped).

La yegua, hasta ese momento, había hilvanado 6 triunfos en 12 actuaciones, incluyendo el Clásico Pamplona (G1 – 2.000 m, césped) y el GPN Augusto B. Leguía (G1 – 2.600 m, césped). Razón de ello recibió el Premio Postín como la Potranca Campeona de 3 años en el césped para la temporada 2005-2006.

Shuaily, valgan verdades, reaparecía con trabajos fáciles. Siempre con Juan Pablo Vargas en sus controles –el jockey con quien había logrado sus mejores triunfos– lucía trabajos a completa voluntad, muy al estilo de su entrenador Carlos Gastañeta: 1.400 en 1min30s0 rematando de subida del partidor eléctrico, 1.500 en 1min41s0 (38s0 y 12s0) fácil, 1.600 en 1min49s3 (39s3 y 13s0) fácil y una pasada final de 1.000 en 1min05s3 del partidor eléctrico, aunque sin exigencia.

Pero los rivales que tenía al frente lucían pergaminos para hacerle frente con dignidad a la que por entonces se llevaba las palmas de la afición. Laud (Laubali) había superado unos problemas de salud y se había ganado tres carreras consecutivas entre junio y octubre, incluyendo el Clásico Almirante Miguel Grau Seminario (G2 – 2.000 m, césped) y República de Chile (2.200 m, césped); Davidov (Fregy’s) había incursionado en el pasto, en medio de una condicional para 4 años ganadores de 3 y 4 carreras sobre 2.000 metros, y había ganado por 10 1/4 cuerpos; Presentimiento (Prospector’s Cap) y Erasmus (Short Selling) habían sido las escoltas de Davidov en el Miguel Grau y buscaban una revancha frente al pupilo de Los Andes.

A la hora de la verdad, Davidov fue una verdadera estrella. Repitió el libreto de su anterior triunfo y manejó el tren desde la partida. Carlos Trujillo lo ubicó adelante y contó con que Erasmus no fue a ‘ponerle’ desde la partida. Carlos Hernández, jinete de este último, prefirió jugar con la carta de la prudencia y se colocó inicialmente segundo para no caer en un tren suicida (que le abriera más fácil el camino a Shuaily).

Fue Presentimiento el que trató de mover la carrera en la recta de los establos, aunque sin presionar demasiado al puntero. Luego se sumaron Estrusor (Laubali), que decidió entrar en la quemada, y Lancho (Laubali), allá por el tanque. Pero bastó que Trujillo hiciera correr, para que su conducido empezara a controlar todo.

Finalmente estableció 1 1/4 cuerpos sobre Estrusor y 2 cuerpos sobre Erasmus, que regresó fuerte en los metros decisivos para reclamar un lugar en el podio. Shuaily, a la que le había puesto anteojeras para evitar abrirse en la curva, como solía hacer, pareció sentirse extraña con el aditamento y avanzó tímidamente para entrar cuarta, a 4 1/4 cuerpos del ganador.

La marca de 2min27s4 fue bastante aceptable para la milla y media en el pasto. Ese poker de nombres se metía en la jugada para armar la delegación peruana que iría a Buenos Aires.

SHUAILY: LA ÚNICA

Tras el resultado, el Directorio del Jockey Club del Perú y los propietarios de los caballos que tenían el primer derecho de viajar, entraron en las conversaciones preliminares. Pero una noticia alertó de que no sería tan sencillo que todos pudieran animarse.

Jorge Salas, el preparador y vocero del Stud Myrna declaró a Perú Hípico solo 3 días después del triunfo en el Clásico Presidente de la República: “Lo de Davidov surgió prácticamente de un momento a otro, pero el viaje dependerá de los costos del mismo. Para nosotros es un gusto ir a la Argentina, porque el Pellegrini es una carrera que nos trae muchos recuerdos, pero vemos difícil viajar en esta ocasión”.

Suficiente información para deducir que el viaje a Buenos Aires no estaba en los planes que la caballeriza tenía para el hijo de Fregy’s. Casi de inmediato también se fueron cayendo las participaciones de Estrusor y Erasmus, correspondiente a los studs Reysan y Hamide, respectivamente. Solo el viaje de ida costaba alrededor de 60 mil dólares y los propietarios entendían que era una inversión muy arriesgada.

Entonces apareció la figura de El Silencio (Six Zero), un pupilo del Stud Starbucks que venía de ganar tres carreras consecutivas en pruebas inferiores y se le cursó la invitación para que pudiera sumarse a la aventura. Asimismo se pasó una carta para que Irish Sea (Apprentice), recientemente vendido a esta ecurie, pudiera ser anotado en la recta del Clásico Félix de Álzaga Unzué (G1 – 1.000 m, césped).

Pero lo que terminó por descartarlos fueron las actuaciones que lucieron antes del viaje. Irish Sea cayó ante Jesús Manuel (Spend One Dólar) en el Clásico Flor de Loto (1.000 m) del 12 de noviembre, mientras que El Silencio no pudo ser más que tercero de Erasmus en el Clásico Batalla de Tarapacá (L – 1.800 m, césped) del 26 de noviembre.

Fue así como Shuaily quedó frente al compromiso de representar en solitario al turf nacional en la máxima prueba del continente.

LA PREVIA

Todo fue quedando listo para embarcar a Shuaily el lunes 11 de diciembre, 5 días antes de la disputa del GPI Carlos Pellegrini. Más puesta que en su carrera de reaparición y teniendo en cuenta lo sucedido con el tema de las anteojeras, había que volver al sistema anterior, con el objetivo de tentar la victoria.

El vareo en sí no sufrió mayores cambios. Carlos Gastañeta la mandó el 18 de noviembre a hacer una primera pasada y cubrió los 1.300 metros en 1min24s0 (38s2 y 13s0). Once días después, el 29, le hizo un segundo apronte, igual de fácil y corrió la milla en 1min48s0 (41s0 y 13s0) en pelo. Su apronte final se dio el 9 de diciembre, cuando pasó los 1.000 metros en 1min02s, con remate de 38s0 y 12s0.

Shuaily, en un viaje sin mayores apremios, llegó a Buenos Aires en las primeras horas del martes. Ese mismo día se realizó el tradicional sorteo de gateras y escogieron para la yegua el carril número 6. Se habían ratificado a 19 participantes y junto con la peruana estaría la local Emotion Parade, como la segunda hembra en la competencia. También se destacaba la presencia del uruguayo Aguafiestas, el segundo extranjero en la nómina. No hubo participación brasileña, ni chilena.

El favorito de la competencia era, sin duda, Storm Mayor, la estrella argentina del momento, mientras que la delegación peruana esperaba el primer éxito en esta carrera para la fusta Jacinto Rafael Herrera, quien se había comprometido a correr a Guill Advantage.

CONTEXTO LOCAL E INTERNACIONAL

Ubiquémonos en el tiempo y espacio. Ese 2006 fue un año de muchos contrastes. En el ámbito internacional, la industria hípica sudamericana, y propiamente la argentina, se sentía orgullosa de haber conquistado el mundo con un caballo llamado Invasor (Candy Stripes). Comprado por Shadwell Farm tras haber alcanzado la Triple Corona en el 2005, ganó en noviembre del 2006 la Breeders Cup Classic (G1) en Churchill Downs, superando a Bernardini (USA, A.P. Indy).

Pero unos meses antes, en mayo, un potrillo estadounidense se hacía ídolo. Bárbaro (USA, Dynaformer) conquistaba en condición de invicto el Kentucky Derby (G1), lesionándose gravemente, dos semanas después, en el Preakness Stakes (G1). Édgar Prado, el látigo peruano, fue parte fundamental de esa historia y su nombre también se hizo muy popular en los miles de aficionados a las carreras.

En Perú, la figura de Muller (ARG, El Compinche) se hizo excluyente. El importado consolidó la imagen de su propietario, el futbolista Claudio Pizarro en la hípica nacional, tras vencer en las tres primeras gemas de la cuádruple corona de Monterrico.

En setiembre, una noticia lamentable para el turf también se hizo conocida. Fregy’s (USA, Combsway), el último ganador peruano del GPI Carlos Pellegrini (G1) fallecía en el Haras Myrna, dejando una reducida prole. Tenía 14 años.

Édgar Prado nuevamente hizo noticia en noviembre cuando ganó la Breeders Cup Distaff (G1) –la Classic de las yeguas– con Round Pound (USA, Awesome Again). Pero el golpe duro llegó el 10 de diciembre, pocos días antes del Pellegrini, cuando se conoció el fallecimiento de Roberto Álvarez Calderón, el siempre recordado Robalca, tras luchar valientemente contra el cáncer. Incluso la noticia prácticamente opacó la presencia de Shuaily en el Pellegrini.

LA CARRERA

Como ya dijimos, el GPI Carlos Pellegrini (G1) tenía una estrella descollante en ese 2006. Storm Mayor (ARG, Bernstein) se había impuesto en esta carrera en el 2005 y para la siguiente temporada siguió extendiendo su racha ganadora, teniendo una reaparición exitosa en el GP De Honor (G1 – 2.500 m) en octubre en Palermo y luego fue a San Isidro para imponerse en el GP Copa de Oro (G1 – 2.400 m, césped).

Shuaily había acusado una merma de 13 kilos en relación a su última presentación en Monterrico. Peso 447 en la balanza, pero igual con ella se revivía la esperanza de un triunfo internacional en la magna prueba. Y estuvo cerca de conseguirlo. La atropelladora yegua del Stud Bahía Blanca, de Oswaldo Avilez D’Acunha, fue la última nacional capaz de hacer temblar el hipódromo en su fiesta principal.

La prueba había quedado reducida a 16 competidores por las ausencias del argentino Shock Plus (por error se le consignó en el programa), el uruguayo Aguafiestas (por lesión) y la yegua Emotion Parade (por haber sido vendida al exterior).

A la hora de la verdad Juan Pablo Vargas, el jinete de Shuaily, la corrió desde la zaga (pese a que partió bien) y, en parte, exageró la nota. Vino alejada, casi fuera de carrera. La toma de los 800 finales la hacían ver como una yegua que no aspiraba a nada.

El tren fue fuerte, acaso el más rápido del Gran Premio Internacional de los últimos años. Se marcó 23s07, 46s31 y 1min10s03 para los tres primeros cuartos de milla. Incluso los primeros 1.600 metros se corrieron en 1min34s37. Fue un paso rápido, que obviamente terminaron por beneficiar a la yegua peruana.

Shuaily ahorró algo de camino en la curva final, cuando se quedó por los palos y felizmente hizo el cambio de manos y no buscó abrirse en la recta. Por ahí avanzó en una carga sostenida y empezó a dejar atrás a sus primeros adversarios. Pero cuando parecía que su arremetida sería incontrolable, su jockey tuvo que frenar para no chocar con la muralla de caballos que tenía por delante.

Vargas replanteó las cosas y empezó a buscar el lado exterior de la pista. Faltaban unos 350 metros y el que empezaba a asomar con cara de ganador, y sin obstáculos era Storm Mayor.

Libre nuevamente, Shuaily embaló en una segunda ocasión y salió como si recién hubiera partido. Dejó parado a sus rivales y enrumbó en la última cuadra y media hacia el disco para comprometer un triunfo que parecía holgado de parte de Storm Mayor, la estrella que se alzaba por segundo año consecutivo con la magna prueba.

Storm Mayor se había distanciado a tiempo de sus rivales en los últimos 200 metros y las tribunas coreaban… hasta que vieron a Shuaily. La peruana avanzó imparable y abierta, en diagonal. Tanto, que cuando cruzaron la meta su jinete se levantó de los estribos en señal de haber ganado. Todos quedaron confundidos hasta que vieron la foto. Había perdido por 3/4 cuerpos. ¿Qué hubiera pasado si la yegua hubiera corrido solamente 20 metros más cerca del pelotón?

Shuaily había coronado una gran hazaña. Los gritos de victoria quedaron atascados, pero el factor suerte no había terminado de jugar a favor de la yegua. Igual, su potente atropellada y su enorme calidad la estaban metiendo en la lista de las peruanas más destacadas en el exterior. (VER VIDEO COMPLETO).

LO QUE VINO DESPUÉS

Lo cierto es que esa gran performance de la yegua sirvió para promocionarla y venderla a Australia. Fue el premio a la decisión de su propietario de arriesgar en un viaje que parecía una aventura y que terminó dejando un dulce sabor.

El placé del Gran Premio Internacional dejó recompensa de 97.500 pesos, unos US$ 27 mil de la época que no alcanzaron para cubrir la inversión, pero por lo menos permitieron recuperar parte de los gastos del traslado.

Shuaily corrió algunas carreras en Caulfield bajo el entrenamiento del afamado Lee Freedman y si bien no ganó alcanzó a estar entre las 50 pre nominadas a correr la Melbourne Cup. No pudo pasar la clasificación final, pero luego fue enviada al haras y allí produjo un ganador clásico.

COLOFÓN

A pocas horas de vivirse la expectativa de un nuevo GPI Carlos Pellegrini (G1) cabía recordar este episodio de nuestra historia reciente, donde si bien no se ganó, sí se puede decir que fue un placé muy digno, por todo lo que significó este viaje, porque se dio en un contexto interesante para nuestro turf y porque sirvió, sin duda, para incentivar todos los periplos posteriores, que terminaron dándole muchas más alegrías a nuestro elevage.

 

Foto 1: Shuaily pierde por menos de un cuerpo ante el crack Storm Mayor en el Pellegrini del 2006 / Captura de TV

Foto 2: Shuaily resulta victoriosa en el Gran Premio Nacional Augusto B. Leguía (G1) del 2006

Foto 3: Shuaily corre última, alejada, cuando faltan 700 metros para el final del GPI Carlos Pellegrini (G1)

Foto 4: Ampliación de la llegada del Gran Premio. Unos metros más y la pupila del Stud Bahía Blanca pasaba de largo.

Foto 5: Portada del catálogo 2007 del Haras Barlovento, criador de Shuaily. Llegó a ser en su momento, sin duda, la mejor yegua pastera de Sudamérica.

Modificado por última vez en Jueves, 12 Diciembre 2014 14:52

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