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La historia de Adolfo Sánchez, un caso digno de película

20 Julio 2015 -  by Perú Hípico

Los libros dan cuenta de que la primera participación peruana en el Gran Premio Internacional Carlos Pellegrini se dio en 1961, con la actuación de los jinetes Adolfo Sánchez (6º con el argentino Sobresalto), Juan Camoretti (15º con el argentino Motor) y del caballo Parsing (último).

No pasó mucho tiempo para que el éxito le sonriera al turf nacional. En 1964 se escribieron las primeras páginas de esta gran historia, mediante un jinete peruano que tuvo un destino realmente increíble e impredecible: Adolfo Sánchez Cáceda.

La presente es una investigación realizada por Perú Hípico donde se puede conocer en detalle el primer éxito logrado por un compatriota en el Gran Premio Internacional Carlos Pellegrini, mucho antes de que lo hicieran Rolando Centeno, Luis Alzamora y Edwin Talaverano.

DE HÉROE A VILLANO

Como lo señalamos líneas arriba, la historia de Adolfo Sánchez Cáceda es, por lo menos, increíble. Se inició a finales de la década de 1950, cuando era estrella juvenil de la fusta en el Hipódromo de San Isidro. Siendo aprendiz, y descargando dos kilos, ganó el Cotejo de Potrancas de 1958 montando a Perugia (hermana mayor del crack Perinox). A los pocos días se graduó de jockey profesional y en esa condición, una semana después, el 16 de noviembre, corrió a la mencionada potranca en el Derby Nacional.

Perugia, que era entrenada por Ambrosio Malnatti para los colores del Stud Pasamayo, llegó segunda en la Cinta Azul, y a inicios de 1959, también con el promisor piloto, se llevó el Gran Premio Nacional. Robalca lo recuerda así en una crónica publicada en Perú Hípico en marzo del 2004: “Sánchez era buen jinete, con muy buena postura, con el rigor necesario para hacer correr a los caballos y además con un especial don de adecuarse a las carreras largas. Fue por eso que el impacto que causó con Perugia resultó espectacular y lo encumbró, así de plano”.

Sin embargo, cuenta el mismo Robalca, una mañana de marzo de 1959, una noticia remeció el ambiente hípico local. El diario La Prensa tituló a 8 columnas que el Directorio que presidía César A. del Río acordó quitarle la patente a él y a algunos otros jinetes a perpetuidad. ¿El motivo? Haber arreglado una carrera.

Se trataba de la cuarta carrera del 8 de febrero de ese año. Uliano, montado por Hermes Meléndez, entraba a ganarle al puntero Asdrubal, pero su jinete –de forma grosera y ante la vista de todo el público– sofrenó a su caballo y evitó que ganara la competencia. Esto originó el malestar general de la afición, que motivó un gran escándalo en las tribunas.

El caso fue visto por el comisariato y posteriormente por la Gerencia General del Hipódromo de San Felipe, que inició de inmediato las investigaciones para determinar las causas del hecho. Todo apuntaba a un nombre: Adolfo Sánchez Cáceda, quien ni siquiera había corrido en la escandalosa carrera. Los motivos que llevaron al joven piloto a impedirle a sus demás compañeros que le ganaran a Asdrubal nunca salieron a la luz, pero lo cierto es que el mismo jinete reconoció su falta.

“Confieso que nunca le pregunté a Adolfo qué fue lo que lo llevó a hacer tamaño despropósito, o en todo caso quienes lo animaron, pero el hecho fue que cuando conversé justamente con Tito (Álvarez Calderón, Gerente General de San Felipe) para que me contara todo lo que había pasado porque las otras carreras arregladas no se conocían, no me quedó ninguna duda. Todo estaba absolutamente comprobado”, escribió Robalca.

Sánchez Cáceda fue sancionado a perpetuidad, con la anulación de su patente de jockey tanto en Lima como en el resto de hipódromos del mundo. Un castigo ejemplar para un hecho reprochable y del que se comentó mucho en la prensa de ese entonces. Así, la figura de quien se perfilaba como un gran jockey desapareció de la noche a la mañana.

NUEVA OPORTUNIDAD

A inicios de 1961, el Jockey Club del Perú decidió darle a Sánchez una nueva oportunidad. Le devolvió la patente con la condición de que no corriera en ningún hipódromo nacional. Así, el jockey decidió emigrar a la Argentina, escenario donde ya había incursionado con buena aceptación Juan Camoretti.

“Juan De la Cruz, quien era en ese momento uno de los mejores preparadores de Palermo y San Isidro tenía un caballo de su propiedad que se llamaba Sobresalto y lo creía muy corredor, pero ese Sobresalto era un caballo que tenía severos problemas de manos –era muy delicado– y se quedó sin jinete en el Gran Premio Nacional cuando Leguisamo, quien era muy amigo de De La Cruz le dijo –con razón– que mejor no lo corriera. Leguisamo fue el jinete de Dorine”, comentó Robalca en esta crónica que escribió para Perú Hípico en el 2004.

El mismo Juan De la Cruz escribió esto sobre Sánchez en su libro El Turf y yo, que apareció a finales de 1979 en Buenos Aires: “En Palermo hablé con Sánchez Cáceda, quien recién había llegado del Perú y acababa de ganar una carrera, y quedó comprometido a correrlo. Usaría filete, aunque siempre al caballo lo habían corrido con freno. No faltaron algunos jockeys que le dijeron a Sánchez que no montara a ese caballo, porque corría el riesgo de matarse. Y él nunca lo había visto por supuesto, salvo al momento de montar cuando le dije: Mire Sánchez: para hacer al paseo preliminar llévelo al revés al lado de los palos y si puede al lado de otro para que no lo vean porque seguramente va a ir medio duro. Y a la vuelta haga lo mismo, de modo que a la par de otro venga más entonado. Si lo ve mal, no lo dude, lo retiramos”.

Y siguió: “Pero Sánchez estaba muy entusiasmado. Imagínese. Recién llegado y ya correr el Nacional, era muy importante. Es cierto que era un caballo de poca chance, pero se trataba nada menos que de ese Premio. Cuando regresó del paseo le pregunté cómo lo había encontrado. –“A la ida se me caía, cuando lo puse al lado de otro se caía y no se caía”. - “Si usted quiere lo corre, sino lo retiramos ya mismo”. - “No, no. Yo lo corro” -contestó enfáticamente. - “Corajudo el peruano, sin duda un buen jockey. Bueno, cuando iba a montar para dirigirse a las cintas, le deslicé mi última reflexión: Usted va a correr al mejor caballo, pero también al que va en peores condiciones que todos. El caballo es mío. Si usted nota alguna anormalidad en la carrera lo para. Es lo único que le pido. No se arriesgue. Córralo en los primeros puestos que es guapo”, puso De la Cruz.

Corriendo a medio grupo, Sobresalto tuvo las fuerzas de cargar en la recta final para lograr una victoria estrecha, que lo encumbró como uno de los mejores productos de la generación, pese a que el Gran Premio Nacional de aquel 1961 no contó con la presencia de estrellas como Marista y Vinicius, que venían de definir el Gran Premio Jockey Club, la segunda corona del turf argentino; así como Nápoles, ganador de la Polla de Potrillos y que luego llegara en el cuarto lugar en el Jockey Club.

“En la recta final Tumulto –el puntero– trató de poner distancia pero Sobresalto fue en su busca. Larga lucha sostuvieron ambos rivales a los largo de la recta y cuando Sobresalto obtuvo ventajas debió apelar a sus energías para contrarrestar el violento ataque que le llevara Dorine en los últimos metros, logrando imponerse por 1/2 cuerpo, quedando tercero, a 1/2 cabeza el puntero Tumulto”, se lee en la crónica sobre el Gran Premio Nacional que publicó el Anuario Turf y Elevage Sudamericanos, editado por la Organización Sudamericana de Fomentoal Pura Sangre de Carrera.

Sánchez había pasado de ser “el recién llegado” a un jockey de categoría y empezó a despertar la curiosidad de mucha gente, que no demoró el alabar su estilo y su energía para la definición. Pero por encima de eso, fue uno de los principales exponentes de adecuarse al cambio de usar el freno por el filete en los hipódromos argentinos. Ya el chileno Eduardo Jara había empezado a caracterizarse por ello, pero fueron los peruanos Camoretti y Sánchez quienes también empezaron a sobresalir con este estilo.

SU PRIMER PELLEGRINI

Mes y medio después de aquel Gran Premio Nacional, el turf argentino se alistaba para la disputa de una nueva edición del Gran Premio Internacional Carlos Pellegrini. La carta nacional era, sin duda, Arturo A (ARG, Argur), ganador de cuatro internacionales, incluyendo 3 en Brasil y que también había corrido en Lima ese 1961, llegando sexto de Imbroglio. En su silla estaría la destacada estrella de la fusta, Irineo Leguisamo.

Era preparado por Juan De la Cruz, quien también presentó a Sobresalto –con Adolfo Sánchez en controles– por lo que ambos corrieron en pareja y asomaron con el gran favoritismo del público. Camoretti, por su lado, estaba en la silla de Motor (ARG, Great Hunt), que no aportaba mayor chance a la prueba

Perú se hizo presente por primera vez en esta competencia mediante Parsing (Pardal), uno de los buenos caballos de ese momento en Monterrico. Pero el pupilo del San Esteban tuvo un viaje complicado e incluso, dos días antes de la carrera, se golpeó en su box, estando a punto de ser retirado de la competencia.

Pese a ello, él fue el puntero de la carrera –fiel a su libreto– marcando parciales severos de 47s0 para los primeros 800 metros y 59s0 para el primer kilómetro, que le agotaron las fuerzas de forma muy temprana. Eso no hizo más que abrirle el camino a los atropelladores y favoritos Arturo A y Pechazo que terminaron haciendo el ‘1-2’ en la justa sudamericana.

“Al comenzar el descuento del codo final, se vio que Pechazo mejoraba rápidamente de colocación, lo que observado por Leguisamo, hizo que exigiera a Arturo A para no quedar demasiado lejos. Violentamente, en la mitad del codo final, Pechazo pasó a la punta, ingresando en ganancia a la recta final… Pechazo vio atacadas sus posiciones por Sensitivo al que neutralizó bien pero poco después Arturo A lo emparejó. Los jockeys de ambos competidores extremaron rigor y Arturo A fue ejerciendo dominio sobre su adversario, cruzando el disco con 1 cuerpo de ventaja”, describió Turf y Elevage en su crónica de la competencia.

Sobresalto, con Sánchez, no hizo mala carrera, pues se ubicó sexto, a 7 1/2 cuerpos del ganador. En tanto Motor quedó décimo quinto y Parsing terminó cerrando la marcha, bastante alejado.

LA VICTORIA EN LA GRAN CARRERA

Pasaron los años y Sánchez se fue haciendo una figura importante en el circuito argentino, con presencia notoria en los hipódromos de Palermo, San Isidro y La Plata. En 1964, Sánchez debía conducir al potrillo Charolais (ARG, Basajaun) en el GPI Carlos Pellegrini, que llegaba a la competencia precedido de una campaña destacada compuesta por tres victorias, dos placé y un tercero en seis presentaciones.

Criado en el Haras El Paraíso, de propiedad de Ernesto Pueyrredón y entrenado por Pedro Pablo Ferro para los colores del Stud Coronel Vidal, de propiedad de Carlos Balcarce, Charolais enfrentaba a las estrellas de la generación, encabezados por el triple coronado de ese año Gobernado (ARG, Ever Ready), que iba a ser montado por el peruano Juan Camoretti; Maanin, placé en la Polla de Potrillos, en el Jockey Club y tercero en el ‘Derby’; y Lady Silver, ganadora de la Polla de Potrancas, entre otros.

Por el lado de los mayores, la figura de Niarkos era la más notoria. Tras perder el Pellegrini de 1963 ante El Centauro, ganó en 1964 el GPI José P. Ramírez y el Clásico Municipal, ambos en Uruguay, y luego los clásicos Vicente L. Casares, Chacabuco y General Puyerredón en Argentina. La figura femenina era la de Doretta (ARG, Aristophanes), una complicada yegua del Ojo de Agua, que iba a montar Leguisamo, y que se había impuesto en el GPI 25 de Mayo.

Del exterior, la presencia no fue la más poderosa. De hecho, llamaba la atención por encima de todos el nombre del peruano Duque (Datour), que en esa temporada había conquistado los clásicos Concejo Distrital de Santiago de Surco, Jockey Club del Perú,  Independencia, Augusto B. Leguía, Comercio, Almirante Grau y La Copa.

Uruguay llegaba con una delegación bastante decente, encabezada por el potrillo Bagdad (ARG, Sideral), que si bien había nacido en Argentina, corrió con éxito en Uruguay, a tal extremo que fue el ganador del ‘Derby’ charrúa. La carta entre los adultos era Snow Crow (ARG, Snow Cat), que también había nacido en Argentina, pero que defendió las divisas del stud uruguayo Mitai. Éste se había convertido en una de las mejores cartas de su generación en 1963 y, con 4 años de edad, logró imponerse en el GP Sao Paulo, en Brasil. Mate Amargo, de Uruguay y Jauja, de Chile –cuarto en el GPI Hipódromo Chile– completaban el grupo de extranjeros.

En su Libro A Mis Amigos los Caballos, Robalca cuenta lo que pasó con Duque antes del viaje: “En efecto, el viaje se pudo realizar y Duque llegó a la soleada tarde del 22 de noviembre, como único representante peruano al lado de 17 ejemplares. La cita era el césped de San Isidro y su jinete, Antonio Vásquez. En el lapso que medió entre su última actuación en Lima y su viaje a la Argentina, se produjo una huelga de jinetes en Monterrico y ésta precipitó la pérdida de la patente para Luis Alberto Díaz. Fue por ello que el alto comando del Stud Del Rocío escogió a Antonio Vásquez para conducirlo”.

En efecto, Duque llegó con nuevo jinete a la contienda internacional y eso, sumado al cambio de pista (de arena a pasto), pudieron ser factores decisivos para la mala actuación del caballo en aquella competencia que tuvo sus entonces tradicionales 3.000 metros de recorrido.

Fue una carrera intensa, con Maanim sacando pequeña ventaja sobre Charolais y Gobernado en los primeros metros. Luego estaban Lady Silver y Luciano Diez. Pero cuando cruzaron la meta por primera vez, Charolais y Gobernado pasaron a comandar el grupo, superando a Maanin, Lady Silver, Luciano Diez, Niarkos y Jauja.

Girando el primer codo, Camoretti apura a Gobernado y pasa a tomar el comando. Luciano Diez queda segundo, delante de Charolais, con un Sánchez tranquilo y expectante. Luego Jauja, Maanim y Duque, cuyo jinete empezaba a apurar por fuera, en una maniobra que fue calificada de apresurada.

Sin variantes en la punta, la pelea se dio por los seguidores. Gobernado mantenía el paso a una milla de la meta y todo parecía indicar que podría ser un puntero peligroso. En tanto, Luciano Diez mantenía el segundo puesto, teniendo el acoso de Gobernado, Jauja y Berenjal, que se había sumado a la pelea. Maanim y Duque corrían, pegados, inmediatamente después.

La emotiva recta final la describe Turf y Elevage de esta forma: “Ya en la recta, Gobernado se mantuvo un trecho en la delantera, a pesar del asedio de Jauja, pero a menos de 500 metros de la llegada no pudo evitar que el empuje de Niarkos lo superara, ya que el descendiente de Again había descontado posiciones con rapidez, pasando a encabezar el lote y dejando la impresión de que podría inclinar el triunfo a su favor”.

Y sigue: “Restando 250 metros para la sentencia, Charolais inició una atropellada que contó con todos los atributos para que el éxito lo coronara, y cuando faltaban pocos metros para el disco, el descendiente de Basajaun dominó sin lucha a su enemigo y continuó su marcha en procura del mismo, el que cruzó con un cuerpo de ventaja sobre Niarkos, ante el delirante entusiasmo de sus partidarios”.

Había ganado Charolais, con Adolfo Sánchez, una de las ediciones más emocionantes de la historia. Gobernado, con Camoretti, no pasó del octavo puesto y Duque quedó undécimo, siendo el mejor extranjero ubicado de la contienda.

Así se gestó el primer triunfo de un peruano en la gran carrera sudamericana. Adolfo Sánchez lo había logrado mediante un potrillo que al final de la temporada fue elegido Caballo del Año en la hípica argentina. Y su jinete, consolidado como uno de los mejores en el turf trasandino.

LO QUE VINO DESPUÉS

La fama de Sánchez siguió creciendo. En Argentina se estaba produciendo el cambio de freno a filete y el maestro de aquel dominio era el peruano. Así, se labró un futuro promisor, dejando de lado aquella historia que había truncado su inicio. Sus progresos llegaron a tal extremo que la caballeriza Ojo de Agua lo contrató en 1965 para reemplazar al célebre Irineo Leguisamo como monta oficial.

El semanario Primera Plana lo anunció así: “Quienes parecen haberse decidido ampliamente por el uso del filete en las últimas semanas, son los propietarios de caballos. En uno de los desplazamientos más espectaculares que se recuerda, la tradicional caballeriza Ojo de Agua reemplazó al casi prócer Irineo Leguisamo por un extranjero: el peruano Adolfo Sánchez Cáceda, ganador de medio centenar de carreras en lo que va del año. Él será quien corra en adelante a la desconcertante Doretta, ganadora de muchos grandes clásicos”.

Sánchez se consolidó como un destacado jockey que, incluso, fue llamado a enseñar en la Escuela de Jockeys Aprendices del Jockey Club argentino desde 1980 y hasta finales de los 90, compartiendo roles con Orestes Consenza y Ramón Ciaffardini. Entre los alumnos de esa época sobresalen los nombres de Horacio Karamanos, Lucrecia Carabajal y Alejandro Tajomiski.

Esta es la historia de un jinete que pudo reconocer un error, que supo aceptar un castigo, pero que no desaprovechó una segunda oportunidad. Adolfo Sánchez Cáceda, sin duda, representa al peruano que se abrió camino en base a su talento y ganas de triunfar y que, de alguna manera, sirvió como puente para la llegada de posteriores grandes talentos, como Rolando Centeno, Jacinto Herrera y Edwin Talaverano.

 

Leyenda: Adolfo Sánchez Cáceda tras ganar el GP Carlos Pellegrini con Charolais.

Foto: Captura de TV

Modificado por última vez en Lunes, 20 Julio 2015 18:43

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