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¿Tenemos opción con Sonny Corleone?

02 Febrero 2016 -  by Ramón Bueno-Tizón

Que Sonny Corleone sea un buen caballo de nivel clásico y que sepa hacerse respetar en el medio local, vaya y pase. Que el pupilo de Augusto Olivares se haya ganado en la cancha y en buena ley su derecho a representarnos en el Latino que se corre en Río de Janeiro el próximo mes de marzo, ni vuelta que darle. Pero de ahí a pretender creer que Sonny Corleone será nuestro abanderado para intentar lograr la doble hazaña de quitarle el invicto a los brasileños en su propia casa y que la hípica peruana gane por tercera vez consecutiva el Latino, hay una distancia enorme. Tan grande como la distancia que separa a Lima de Río caminando.

No decimos esto por lo que significó la sorpresiva superación de Sonny Corleone, que en apenas siete días pasó de llegar botado a más de veinte cuerpos de Elbchaussee, a ganarle guapeando a los mejores pasteros de Monterrico. Al fin y al cabo, fueron desarrollos diametralmente distintos y en los clásicos no existen carreras contradictorias. Tampoco lo decimos por las circunstancias con ribetes de película que rodearon la previa del Ciudad de Lima para Sonny Corleone, en donde hacía dupla con Suspiro Limeño –que en el papel era la carta del Recoveco–, y ante el retiro inesperado de la potranca a falta de media hora para la carrera, tuvo que vestirse de héroe y terminó dando tremendo sartenazo. No. Lo decimos estrictamente por el análisis que desarrollamos a continuación.

En primer lugar, la plaza que ha tocado en suerte para la realización del Latino es la más difícil de todas. Y es que Brasil asoma como imbatible de local en cuestión de Latinos. Ni Argentina ni Chile ni Uruguay tienen el aura inexpugnable que ostenta Brasil a la hora de recibir invitados en casa. Perú ha ganado en Brasil –todos recordamos la recta de Frau Astrid–, pero nunca lo ha hecho en el marco de un Latino. Así las cosas, resulta claro que para ir a robarle los huevos al águila no se puede dar ventajas de ningún tipo. Volviendo al caso de Sonny Corleone, el solo hecho de lomear el top weight de 61 kilos versus los 56 o 54 kilos que llevarán los juveniles brasileños locales, ya es dar una gran ventaja de partida. ¿Significa eso que es imposible ganar el Latino de visitante con un caballo mayor? Por supuesto que no. Pero tratándose de la plaza brasileña, esa ventaja inicial puede ser más que determinante a la hora de la verdad. Salvo que lleves a un campeón de la talla de Lutz, que parece no ser el caso.

De ahí la importancia que tenía la actuación de los integrantes de la última generación en la primera prueba clasificatoria. Porque ninguno de los caballos mayores, en ese lote compuesto por Ariso, Sotil, Rocketazo, El Jader, Brennero y el mismo Sonny Corleone, lucían las credenciales del campeón sólido y pleno, que puede darse el lujo de lomear el top weight de 61 kilos y aun así pelear la carrera de tú a tú con los brasileños en su casa. Sonny Corleone y compañía son caballos buenos y nobles, pero la verdad es que se ganan entre ellos, dependen del desarrollo, del factor suerte o de la inspiración de su jinete. A diferencia de lo que sucede en la arena, en el pasto no tenemos la figura descollante de un Elbchaussee, por ejemplo, que está hecho una aplanadora y no hay rival que pueda con él.

Por eso las miradas estaban puestas en los juveniles, no solo porque iban beneficiados en los pesos sino básicamente porque no habían dicho aún toda su verdad. Por eso la cátedra periodística eligió favorito a Rubirosa, un potrillo que pese a ser no ganador había llegado segundo por reglamento en el Derby de Nieto Mireyo y segundo en el Gran Premio que ganó El Armenio, y del cual bien podía esperarse un progreso visible. Había expectativa por lo que serían capaces de hacer Street Lolo (segundo en la Polla y ganador en el pasto), Brayan Manuel (ganador del Postín), Cholo Sotil (ganador de Simón Bolívar y del Empery), el mismo Romeo (segundo en el Postín) y la doble coronada Suspiro Limeño (que a la postre, tuvo que ser retirada).

Pero lamentablemente los juveniles no estuvieron a la altura de las circunstancias, siendo claramente superados por los caballos mayores. Y tal vez la primera conclusión importante que nos deja esta clasificatoria sea la escalofriante certeza de la falta de caballos de jerarquía en tienda peruana para la gran prueba de marzo. Si bien queda por correrse el Baldomero Aspíllaga, segunda prueba clasificatoria en donde se anuncia la presencia de Nieto Mireyo, lo que pasó en el Ciudad de Lima no deja de ser una clarinada de alerta. Porque si repasamos fríamente el marcador y vemos que Sonny Corleone le gana a El Jader, tercero Sotil, cuarta la yegua Broken Game y quinto el veterano Ariso, con tres cuerpos de separación del primero al quinto y ni un solo juvenil en los bolos pese a recibir una montaña de kilos, tenemos que preocuparnos. Ninguno de los caballos mencionados es un crack y si van a correr a Brasil lo harán con el top weight de la competencia. Sabemos lo que podemos esperar de ellos y es poco probable que se dé un progreso mayúsculo fuera de casa, más aún frente a los mejores ejemplares del continente (salvo algún milagro, que todos agradeceríamos). Y, ciertamente, la cereza sobre el pastel es lo desairada que ha quedado la última generación, al menos en esta prueba clasificatoria.

Regresemos con Sonny Corleone. Que nos disculpe Augusto Olivares, por quien tenemos mucho aprecio ya que fue nuestro profesor en la academia pre-universitaria Trener a inicios de los noventa, pero no nos convence cuando declara que siempre creyó en Sonny Corleone para clasificar al Latino y que el rival de Suspiro Limeño en el papel era precisamente el hijo de Mr. Greeley. Si bien hace lo correcto al declarar así porque uno siempre debe defender lo suyo, ya estamos viejos para tragarnos ese cuento. La razón es muy simple. Augusto Olivares es demasiado buen preparador como para arriesgar inútilmente a un caballo con el cual tiene cifradas esperanzas de viajar a Brasil, en una prueba durísima frente al mejor caballo de la cancha, en arena y a tan solo siete días de la carrera clasificatoria. Como todos sabemos, una semana antes de la disputa del Clásico Ciudad de Lima, Sonny Corleone participó en los 2000 metros del Clásico Enrique Meiggs, enfrentándose nada menos que a Elbchaussee, el actual crack de las pistas (y por muchos cuerpos). Si tú tienes un caballo con el cual crees que puedes clasificar al Latino, ¿se te ocurriría anotarlo en una pista diferente, frente al mejor caballo del momento y a tan solo una semana de la clasificatoria? ¿Correrías a tu caballo 4000 metros entre arena y pasto en apenas siete días, para luego llevarlo a Brasil? Obviamente, la respuesta es no. ¿Qué hubiese pasado si Sonny Corleone derrotaba a Elbchaussee en el Enrique Meiggs? ¿Igual corría el Ciudad de Lima una semana después, tentando un cupo al Latino?

Particularmente pensamos que en la tienda del Recoveco confiaban en una buena actuación de Sonny Corleone en el Enrique Meiggs. Pero al fracasar en dicha prueba al no poder tomar la punta con libertad, el americano es anotado en el Ciudad de Lima con el único objetivo de abrirle el camino a su compañera de corral Suspiro Limeño, la potranca doble coronada que venía de imponerse categóricamente en una condicional en el pasto y frente a los machos. La idea era aprovechar las sobradas ligerezas de Sonny Corleone, que iría a meterle pólvora a la carrera desde el vamos. Sustenta esta hipótesis el hecho de que en los programas Suspiro Limeño figuraba con Renzo Rojas, jinete principal del corral de Augusto Olivares, mientras que Sonny Corleone lo hacía con José Retes, que nunca lo había corrido. Carlos Ludeña, segundo jinete de Augusto Olivares, iba en la silla del juvenil Romeo. Si a falta de media hora para la prueba, Suspiro Limeño tuvo que ser retirada y Renzo Rojas se apiló en los controles de Sonny Corleone y lo llevó como un ángel y se anotó un carrerón, esa es otra historia. Sin embargo, no podemos perder de vista lo esencial. Sonny Corleone fue una sorpresa para propios y extraños, aunque en su corral digan lo contrario. Un verdadero plan B, obligado y precipitado, pero con final feliz.

¿Qué pasó en la carrera? Ante la ausencia de Suspiro Limeño, Renzo Rojas tuvo el tino de no buscar la punta con Sonny Corleone y en su lugar lo trajo ligeramente prendido, sin entrar del todo al pleito inicial pero manteniendo siempre la baranda. El hijo de Mr. Greeley, acostumbrado a salir a repartir almanaques como loquito desde la partida, supo agradecer el cambio de ritmo y se limitó a venir cerca del puntero Rococó, en el quinto o sexto lugar, cuidando tenazmente la empalizada. Esto hizo que al ingresar al derecho, Sonny Corleone no haya perdido un solo milímetro pegado a los palos y cuando su jinete lo busca, encuentra respuesta en el alazán. Pero aquí debemos hacer una observación. A nuestro juicio, Sonny Corleone domina las acciones a falta de 200 para la meta, más por demérito del resto que por mérito propio. Nos basamos en el hecho de que el pupilo del Recoveco comienza a abrirse de cansado, pese a que su jinete le pega por fuera en todo momento. Revisen ustedes la toma frontal y apreciarán la abertura descomunal de Sonny Corleone, que de los palos termina más allá de media cancha (sin estorbar, eso sí). Lo llamativo es que, aún agotado y abriéndose, Sonny Corleone haya podido más que sus rivales en los metros de la definición. Como dijimos líneas arriba, esto es una clara muestra del poco nivel jerárquico mostrado por los participantes del Clásico Ciudad de Lima.

Ahora bien, no es de extrañar que Sonny Corleone se haya abierto como lo hizo, si tomamos en cuenta que hacía apenas una semana venía de pelear salvajemente la punta con Good Luck Keny en los 2000 metros del Clásico Enrique Meiggs, que fuera ganado por Elbchaussee. Lógicamente, el caballo tenía que sentir el esfuerzo y cansarse. La pregunta que se cae de madura es si esta repetición a los siete días, estos 4000 metros corridos a todo vapor entre el domingo 10 y el domingo 17 de enero frente a los mejores, no le pasarán la factura a Sonny Corleone de cara lo que será su participación en el Latino de Río de Janeiro. Si a esto le sumamos que el alazán no es precisamente un crack y que deberá lomear el top weight de la competencia, dispensando cinco o siete kilos de ventaja a los juveniles locales, el encargo pinta durísimo en el papel. Ojalá nos equivoquemos y Sonny Corleone nos tape la boca el día del Latino. En verdad, nos daría muchísimo gusto. Pero lo vemos sumamente difícil.

A pesar de todo lo expuesto, la buena noticia para Sonny Corleone –aparte de clasificar directamente al Latino, claro está– es haber demostrado que puede ganar viniendo de atrás sin correr a destajo en la punta. Quedará para el recuerdo entonces el Sonny Corleone que participó en el Pellegrini del 2014, tomando la delantera desde la suelta y estirando cuerpos y más cuerpos, como si la carrera fuese de 1000 metros y no de 2400. O el Sonny Corleone del Presidente de la República del mismo 2014, en donde también se disparó como caballo desbocado. Esperamos ver a un Sonny Corleone más calmado, corriendo colocado, con su jinete graduándole las energías y buscándole el remate al final. Si tiene o no tiene ese remate en el viejo hipódromo carioca de La Gávea, levantado junto a las playas de Río de Janeiro y mirando el cerro del Corcovado, es una interrogante que el propio caballo se encargará de responder el 12 de marzo. Por lo pronto, no nos queda sino desearle la mejor de las suertes a Sonny Corleone. Básicamente, porque la va a necesitar.

Modificado por última vez en Domingo, 20 Noviembre 2016 18:57

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