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Murió Laredo

30 Abril 2018 -  by Néstor Obregón Rossi

Robalca lo calificó como un “Guerrero Campeón”, sintetizando en solo dos palabras el concepto de lo que puede ser un caballo de carreras nacido para superar todos los problemas que pudo enfrentar en el camino y convertirse en el verdadero crack que la afición supo querer y valorar.

“Ha muerto Laredo”, me escribe mi buen amigo Jorge Luis Salas en un mensaje por Facebook la noche del viernes. Y la primera imagen que se me viene a la mente fueron los gritos de júbilo en el quinto piso del Hipódromo de Monterrico, en el viejo Palco de Prensa, aquella ya lejana tarde del 11 de diciembre de 1993, cuando Carlos Sarmiento narraba desde Buenos Aires el emocionante triunfo que ese potrillo de 3 años estaba logrando en el Gran Premio Internacional Carlos Pellegrini.

Edwin Talaverano y la hípica peruana cerraban un año inolvidable. En marzo, Stash se habían impuesto de punta a punta en el Gran Premio Latinoamericano (G1), disputado en Monterrico. Esa misma tarde, horas antes, debutaba Laredo, en una discreta performance que nadie podía presagiar que 9 meses después regalaría el segundo triunfo internacional para nuestro país, esta vez en el Pellegrini, la carrera que nos estaba siendo esquiva por dos décadas, tras el también sonado triunfo de Santorín.

Laredo fue más que un caballo de carreras. Fue, para quienes empezábamos en la hípica por esos años, un referente de nuestra pasión. Si había que explicarle a alguien qué nos hacía aficionados a los caballos de carreras, simplemente había que mencionar al crack del Stud Myrna y a sus tardes de gloria en Monterrico.

Dicen que las grandes historias solo quedan en el recuerdo cuando hay elementos narrativos que la alimentan, que le dan emoción. La victoria de Laredo en el Carlos Pellegrini fue verdaderamente épica.

El viaje a Buenos Aires estuvo cerca de ser cancelado hasta tres veces y cuando se consiguió el carguero, éste demoró 9 horas en llegar a Lima para el embarque, originando que la delegación peruana quedara expuesta, disminuida y agotada. El vuelo, encima, no fue directo y Laredo, preso del nerviosismo, se golpeó un ojo llegando mucho más disminuido a la capital argentina.

Pero su capacidad de recuperación ya daba signos de que estábamos ante un caballo diferente. Sin embargo, hasta en el mismo día de la carrera, Laredo no dejó su fuerte genio –ese mismo que había obligado a su preparador Jorge Salas a castrarlo cuando tenía 3 años y recién empezaba su campaña– y durante el traslado que tenía que realizar desde su box en la Villa Hípica Internacional de San Isidro hasta la cancha, empezó a mostrar amaños, realizándose unos cortes a la altura del nudo de una pata y hasta perdió un herraje.

Así lo encontró Edwin Talaverano cuando lo fue a montar para salir al cánter. Y así, emprendieron el camino hacia la gloria.

Lo que pasó en la pista fue la combinación de la destreza de un jockey de entonces 23 años y la fuerza de un caballo de carreras como pocos. Ambos sortearon los problemas en la curva final y en el inicio de esa recta interminable, que finalmente se destrabó para dar pase al arrollador paso del hijo de Muscovite y Paula María, que nació y se crió en el Haras Gina Santa Rosa, tras una gestión de Leslie Hammond, quien importó a la yegua madre, con Laredo en el vientre.

Laredo, Edwin Talaverano y Jorge Salas escribían una página de gloria para la hípica peruana.

Y en ese lote de ‘escoltas’ del Pellegrini estuvo el campeón Much Better (dos veces ganador del Gran Premio Latinoamericano), Sandpit (el también carioca que luego ganó muchas carreras de G1 en Estados Unidos), Double Paid, Prince Boy, Bullicioso In y Hangar, por citar solo a algunos de los 15 extraordinarios adversarios que le salieron desde Argentina y Brasil.

Hace unos meses, en redes sociales había aparecido una foto de Laredo en el Haras Myrna. No era el brioso castaño oscuro, imponente y de genio fuerte, que había sido fotografiado decena de veces en todo su esplendor. Esa el abuelo querido, mimado, que ya no peleaba, que aceptaba las caricias de todos cuando se acercaban. El campeón que se hizo más ídolo y del que se podrán contar muchas historias e inspirar otras.

Hoy Laredo ya no está, pero sus hazañas quedan. La del Pellegrini, intentada resumir en esta nota, es una de las tantas. El pequeño homenaje al gran caballo que hizo sonar el deporte y permitió que muchos forjaran su afición. Hasta siempre, crack.

Modificado por última vez en Jueves, 03 Mayo 2018 16:58
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