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Última actualizaciónJue, 20 Feb 2014 2am

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La semana pasada, mi buen amigo, el ingeniero Fernando Rodríguez Larraín publicó en diversas redes sociales el listado de los hijos del legendario padrillo POSTIN que habían ganado clásicos en la hípica peruana. Armó dicha relación basado en una serie de publicaciones nacionales especializadas y llegó a la conclusión que POSTÍN encabeza el ranking con un total de 59 “Stakes Winners”, discutiendo así la versión de que eran 56 los hijos ganadores del influyente semental.

Edgar Prado no necesita mayor presentación. Es, sin duda, el jinete peruano más galardonado a nivel internacional. Pero en su largo y vasto palmarés hay un espacio reservado para la principal carrera hípica peruana, aquella que le ha sido esquiva a lo largo de sus 35 años de trayectoria deportiva.

I

Siete mil triunfos después, y frente a las tribunas de Parx Racing, un hipódromo de Pensilvania, el jinete Édgar Prado habría de recordar aquella mañana remota en la que su padre lo llevó a conocer el mundo de la hípica.

Conforme se acerca el domingo, día en que se corre el Longines GP Latinoamericano (G1) en el Hipódromo de Maroñas en Uruguay, la emoción crece en la afición y los recuerdos de victorias inolvidables y jornadas memorables que vivió la hípica peruana se vienen uno tras otro en la memoria de los verdaderos hípicos.

Ahora que estamos a pocos días de una nueva edición del clásico Gran Premio Latinoamericano, que la delegación peruana está representada por cuatro muy buenos caballos y la posibilidad que este domingo los aficionados a la hípica estemos gozando de un nuevo triunfo internacional son bastante altas, es bueno recordar algunos triunfos notables alcanzados por ejemplares nacionales, que siempre estarán en nuestro recuerdo, pues dejaron en alto el nombre del turf nacional.

Los peruanos que pasan los 40 años recuerdan 1987 como uno de los años más duros que les tocó vivir. Ese año fue el del intento de la estatización de la banca, de los huaicos en el distrito de San Juan de Lurigancho y de la caída del Fokker con el equipo de Alianza Lima, por recordar algunos hechos que impactaron en nuestra sociedad, que tuvo que soportar una inflación de 114% entre enero y diciembre.

Eran las 4:44 p.m. del 9 de agosto de hace 25 años y se abrían las puertas del partidor que llevarían a la gloria a un caballo que no solo marcó historia en la hípica peruana, sino que se convirtió mientras estuvo en las pistas de Monterrico, en el engreído de la afición peruana.

El 18 de julio del 2010, Carlos Javier Herrera ganó el Campeonato Internacional de Jockeys Perú-Chile que se realizó en el Hipódromo de Monterrico y fue sin duda uno de los momentos más inolvidables de su exitosa carrera. Pues a tres días de cumplirse 7 años de ese laureado triunfo, el menor de los Herrera consiguió hoy algo que no muchos jinetes lograron en el Coloso de Surco, es decir, ganar su carrera número mil en las pistas de Monterrico.

Cuando un ya lejano 24 de noviembre del año 1985, un adolescente de solo 15 años llamado Edwin Talaverano se apilaba a la silla del caballo Vis a Vis, un ligero pupilo del stud Couet y llegó entre los últimos, quizàs nunca imaginó que con este mismo ejemplar dos meses y días después, conseguiría si primer triunfo. Pero lo que jamás estuvo en su cabeza es que casi 32 años después, una tarde del 25 de junio del 2017 iba a conseguir un triplete clásico y ganar la prueba principal de ese día, el Clásico Jockey Club del Perú (G1 – 2400m) con un caballo llamado Kodiak Boy y que pertenecería a los colores del mismo stud con que obtuvo su primer triunfo, es decir, el Couet.

El “Clásico Augusto Bernardino Leguía y Salcedo” empezó a disputarse desde 1908, en el recordado Hipódromo de Santa Beatriz y bajo el mandato de Carlos II Watson como Presidente del Jockey Club de Lima.

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